Los viñedos de Pago de los Capellanes trabajan un 100% de la variedad Tinto Fino o tempranillo, la uva autóctona de la Ribera. Aunque inicialmente apenas había unas pocas cepas seleccionadas, año tras año hemos ido multiplicando nuestros mejores clones.

Las plantas que mejor se han adaptado al terreno y a la climatología se han escogido en campo para obtener una amplia variedad de parcelas.

Cada parcela recibe un cuidado personalizado según sus características para obtener de ella los mejores frutos.

Una producción reducida permite el estricto control de la calidad del producto, así como el seguimiento de todas las partidas embotelladas.

En los viñedos obtenemos 5.000 kg de uva por hectárea, muy por debajo de los 7.000 permitidos por el Consejo Regulador de la Ribera del Duero para garantizar la mejor calidad en nuestra materia prima.



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Pago de los Capellanes está dividido en 35 parcelas, cuyo fruto se elabora por separado. Durante los meses previos a la vendimia se realizan controles diarios de muestras en cada parcela, cogiendo uvas por la mañana y por la tarde, analizando la evolución de los racimos, prensando cien bayas de cada parcela y estudiando su maduración. No es hasta primeros de octubre, y cuando la uva está en su punto óptimo, cuando se empiezan a recoger los frutos de las viñas.

En ese período el día ofrece unos 25ºC de media. La noche 5ºC. Este contraste favorece la maduración de los racimos, potencia su grado alcohólico, el color y los taninos, además de ayuda a mantener una acidez muy equilibrada.

El proceso de crianza se lleva a cabo en una bodega subterránea con un calado de 10 metros de profundidad. Aquí reposan nuestros vinos en barricas de roble francés nuevo (de 1 a 3 años) hasta que alcanzan la madurez óptima para su mezcla o coupage.

Una selección de 22 tipos de roble francés según su origen (Alier, Nevers, Centro) secado al aire libre (de 24 a 60 meses) y tostado ayudan a envejecer el vino.