Pago de los Capellanes

O Luar Do Sil

La búsqueda de nuevos caminos y la atracción por los grandes vinos blancos nos llevan a las laderas de Valdeorras. Entre montes imponentes, pequeñas viñas contemplan el paso del río Sil. Es el dominio de la godello, la uva blanca que sabe cómo expresar el clima y la geología de este rincón de Galicia.

El valle mineral

Colinas de granito y pizarra, de arcilla y xabre. En Valdeorras la tierra es rica en minerales y, al mismo tiempo, propicia para los cultivos de alma artesana, difíciles pero generosos con el esfuerzo. En el paisaje punteado de aldeas, la viticultura ancestral aprovecha la energía enigmática de los suelos.

La voz de la historia

Durante milenios el valle alargado, puerta de entrada a tierras gallegas, ha permitido el paso de gentes y culturas diversas. Castros, villas, pueblos, minas. Y los rastros arqueológicos que indican la presencia de vides y lagares. Las generaciones recogen y reinterpretan el patrimonio de una historia profunda.
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Elogio del minifundio

Las condiciones físicas imponen una agricultura extremadamente parcelada. Las viñas mínimas y el trabajo manual han preservado, a su vez, la idiosincrasia antigua. En esta comarca interior, de influencias atlánticas y continentales, la viticultura es un diálogo íntimo con la naturaleza.
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La variedad reina

Godello. Un nombre de trascendencia histórica que un puñado de valientes viticultores rescataron del olvido hace medio siglo. Hoy, la variedad blanca vuelve a desplegar su pureza y su definición. Con humildad y grandeza en las pendientes de Valdeorras.

Cultivar es cuidar

Aquí, el trabajo de la viña forma parte de un esfuerzo global de preservación. Adaptamos la labranza a cada tipo de suelo, vendimiamos a mano, cuidamos cada vid de forma individual y, al mismo tiempo, conseguimos recuperar poco a poco pequeños viñedos muy viejos. Con una viticultura de respeto contribuimos a devolver a la tierra todo lo que nos ha dado.

El logro de un carácter

Reflejo fiel de las arcillas de Seadur, de las pizarras de Córgomo, de las arenas de Larouco. Los vinos de O Luar do Sil, apegados a sus entornos más concretos y a la promesa evocadora de su nombre, ofrecen en su estructura la interpretación de un clasicismo intenso, fresco, puro y mineral.